Nuestro pequeño compañero felino es, lo miremos por donde lo miremos, un depredador.
Como comentábamos el articulo “Curiosidades del gato neonato”, desde su etapa neonatal, podemos observar como desarrollan mecanismos algo “primitivos”, que les facilitarán su adaptación al medio y su supervivencia como cazadores.
Si los observamos detenidamente podemos ver cómo anatómicamente están dotados de “poderosas armas” y una estructura adecuada para dar caza a pequeñas presas.
Su método de caza es peculiar y a simple vista puede parecer un juego. Tras la captura, lanzan su presa al aire varias veces y la vuelven a atrapar. Como pequeños felinos que son, suelen dar muerte casi de inmediato tras la caza (muerden la zona cervical) y es después de esto cuando juegan con su presa antes de alimentarse.
Algo muy peculiar en los gatos de familia que tienen acceso al exterior es que muchos de ellos, una vez conseguida su “presa”, acuden a su familia humana y se la ofrecen para “compartir” ese alimento. Esto ocurre porque para el gato, compartir el alimento es una acción de amistad y filiación. De la misma forma que el humano comparte su alimento con él. Para ellos, somos parte de su manada.
A lo largo de la historia y remontándonos a casi el origen de la relación gato-humano, esta capacidad “depredadora” ha sido aprovechada por el hombre, creando entre ambos una sociedad colaboradora. Esta asociación permitía y facilitaba la supervivencia del gato en entornos rurales o incluso en zonas casi urbanas. ¿En qué consistía?
El hombre necesitaba almacenar provisiones para largas temporadas y nuestro pequeño felino se encargaba de procurar que en esos “almacenes” no proliferasen pequeños roedores y otros animales que se comían la mercancía y qué además, eran responsables de la extensión de ciertas plagas dañinas y mortales para el humano. Igualmente era muy común y habitual que en los barcos (comerciantes o de guerra), la figura del gato resultara imprescindible para evitar también la extensión y contagio de enfermedades zoonóticas provenientes de algunos roedores.
En civilizaciones como la del antiguo Egipto, tal era el beneficio que obtenía el humano de esta sociedad, que llegaron incluso considerarlos “Dioses”.
Ahora bien, la historia también nos ha enseñado la consecuencia de romper esa asociación tan beneficiosa entre ellos y nosotros; en el siglo XIII se impuso la exterminación masiva del gato en todos los hogares debido a que se asociaban como símbolo de brujería. La escasez de gatos en el siglo XIV fue determinante para una rápida expansión de la peste negra en Europa, acabando con un tercio de la población de la época: las ratas, principal foco de la pandemia, proliferaron sin control al no tener cerca a su depredador natural.
Como veis, ese pequeño, suave y dulce compañero, ha sido imprescindible a lo largo de la historia, para el bienestar humano.
Volviendo al presente, recordemos que la morfología y estructura del gato está íntimamente relacionada con su fisiología. El gato en si es un pequeño depredador musculado, diseñado para que su agilidad y fuerza les facilite la acción de la caza y por lo tanto la supervivencia.
El enriquecimiento ambiental en los gatos y gatitos que viven con nosotros, en un entorno cerrado y protegido, es fundamental por dos motivos:
- Su salud psicológica: a pesar de que es un animal que duerme una media de 16 horas diarias, cubrir sus necesidades lúdicas y de depredación va a enriquecer su día a día y su relación con nosotros. Recordemos que la actitud de filiación en cuanto a compartir alimento y juegos de caza con nosotros, es parte de lo que son.
- Su salud física: muchos estudios indican que un entorno pobre predispone al gato a enfermedades tales como la insuficiencia renal, obesidad, problemas articulares, acumulación y obstrucción por bolas de pelo… etc.
¡La buena noticia es que tenemos SOLUCIONES para cubrir estas necesidades!
- Tan sencillo como proporcionarles un entorno con juguetes que les inciten a moverse y cazar.
- Poner en casa rascadores y plataformas, o para los más atrevidos crearles circuitos o recorridos por las paredes a poder ser en alto.
- Dedicar un rato diario a jugar con ellos, con cañas, plumeros, pelotas pequeñas…
- En el caso de tener un solo gato, plantearse la opción de hacerse con un compañero felino para que puedan desarrollar ciertos “juegos de guerra”. Entre ellos se crea una relación única, especialmente si crecen juntos, y hasta en los casos en los que parezca no haber mucha relación, da vida a su rutina y les hace tener más actividad física. Siempre, dos gatos mejor que uno.
Cualquier actividad extra en su vida diaria, va a influir en su bienestar tanto psicológico como físico. ¡Recordemos siempre que compartimos nuestra vida con un pequeño representante de la vida salvaje!