Os recuerdo que los especialistas en estos temas son los etólogos, que se encargan de darnos las pautas necesarias para mejorar el comportamiento de nuestras mascotas, aunque a veces también pueden necesitar ciertos medicamentos veterinarios para alcanzar sus objetivos.
Los posibles traumas que pueda haber sufrido un gato son múltiples, pero los más frecuentes que nos encontramos suelen ser por miedo, agresividad y estrés en la consulta del veterinario.
Es muy importante la socialización desde pequeño y que el minino viva en un entorno tranquilo. Para un cachorro vivir en un ambiente con mucho ruido, con demasiados movimientos de gente y de objetos, así como con cambios en su territorio, pueden ocasionarle alteraciones en su comportamiento que, si no se tratan adecuadamente, no se resolverán en mucho tiempo. Se trata de un animal muy territorial, pero necesita una parte de socialización y otra de independencia, un momento de juegos y caza y otro de descanso, y por supuesto tener bien cubiertas sus necesidades en temas de alimentación e higiene, en especial con el tema del arenero y con las bolas de pelo. Si alguna de estas cuestiones falla, aumentan notablemente las posibilidades de que tu gato pueda sufrir estos problemas.
Un gato bien socializado y sin miedos aparentes se recuperará mejor y más rápido ante cualquier situación puntual aterradora que pueda suceder, como es el ruido inesperado de un petardo, de una avería de algún electrodoméstico que haga un sonido estridente, una caída brusca de un objeto…
Siempre es recomendable tener un trato relajado, sin grandes aspavientos ni volúmenes altos. Por supuesto, nada de castigos físicos, solo bloquearán al gato e intentará escapar rápidamente. Tampoco se recomienda forzar el contacto, lo ideal es casi no acercarte y que sea el propio gato el que pretenda acercarse a ti y, cuando esto pase, no hagas nada especialmente brusco, sino que de forma gradual vayas tú también acercándote un poco más de forma delicada.
Cuando se trata de miedo a una determinada persona de la familia, se recomienda que sea esa persona la que se encargue de proporcionarle el alimento y el agua, pero siempre de manera suave.
También es frecuente que puedan sufrir estrés durante una mudanza, por lo que si se puede, se recomienda que el gato tenga su propia habitación cerrada al margen del trasiego de muebles y enseres.
Menos frecuente pero no descartable (más en gatos que se adoptan desde albergues o directamente de la calle) es que haya sufrido maltrato de sus antiguos propietarios o de personas que hayan estado en contacto con el gato, como puede ser si es abandonado y ha vivido en la calle demasiado tiempo. En estos casos, se tratará de reducir en la mayor medida esos miedos, aunque resulte complicada su total solución.
Es fundamental saber reconocer este comportamiento lo antes posible, que tiene entre otras las siguientes manifestaciones:
- Comportamiento de huida y escape de esa situación estresante, a veces acompañado de mordisco, gruñido, maullido desgarrador o bufido.
- Pelo erizado, orejas hacia atrás y bufidos al acercarse la persona o animal que provoca el miedo.
- Torso encorvado, arquear la espalda, sacar las garras y dar zarpazos de aviso ante el peligro.
- Aumento de la salivación, liberación de glándulas anales y, a veces, apertura de esfínteres (hacerse caca, orinarse…).
Ante estas conductas, no dudes en acudir a tu veterinario para que valore el tratamiento, que puede ir desde simplemente un acondicionamiento de la conducta para que poco a poco se vaya acostumbrando a ese mal estímulo o apoyarse en una terapia farmacológica que relaje a la mascota.
Los consejos son complicados, porque estas situaciones requieren ver cada comportamiento de manera particular, pero de forma general:
- No mirar a los ojos fijamente al gatito, lo pueden percibir como una amenaza.
- Dar premios para gatos de vez en cuando, ayudará a que pierda el miedo a esa persona. Si ves que el gato es receptivo, que poco a poco se vaya acercando más a él.
- Intentad que tenga nombre desde el principio y no cambiarlo, que se reconozca cuando le llames. En el artículo anterior te contamos cómo elegir un nombre adecuado.
- Asegúrate de que tiene una zona tranquila para descansar sin peligros.
Respecto a la visita al veterinario:
- Llevarlo siempre en transportín, nunca en el brazo. Una vez en la sala de espera, no lo dejes en el suelo, porque pueden acercarse perros. Mejor colocarlo en un sitio más elevado (silla) y con la puerta en la pared, para estar más aislado. Si quiere mirar ya lo hará por las ranuras de ventilación, pero no es algo indispensable.
- Avisa al veterinario previamente que es un gato que puede estar alterado, para que tome medidas adecuadas.
- A veces es conveniente tapar la puerta del transportín con una tela para que el gato esté más aislado de lo que pasa fuera. También es interesante que dentro tenga una mantita o similar que tenga su olor para que esté más tranquilo.
- Puedes llegar a pensar que el gato se estresa demasiado en consulta y que es mejor no llevarlo, pero no lo recomiendo, porque cualquier patología tratada tarde tiene peor pronóstico.
- Trabaja en casa que tu gato vea normal que se le toque las patas, las orejas, la boca, la cola o la tripita.
- Si tienes más gatos en casa, puede ser que a la vuelta lo reciban mal: la causa es que ahora huele diferente y le rechazarán un tiempo. Es normal, poco a poco volverán a tratarle como uno más.