Agility es un término anglosajón que define la competición canina en la que el perro debe superar una serie de pruebas u obstáculos en el menor tiempo posible y con la mayor precisión. Todo ello se realizará sin correa ni ningún estímulo que no sea la voz o los gestos de su guía.
No sólo requiere de un entrenamiento y estado físico de nuestro can adecuado, sino que también es necesaria una sincronía y una excelente compenetración entre el perro y su guía. Y es precisamente esa conexión entre el guía y su mascota la que realmente ha hecho que esta disciplina haya crecido tanto y se haya hecho tan popular en los últimos años.
Los inicios del Agility
Sus inicios se recogen en los años 70. En un principio se trataba de competiciones en las que sólo se permitía la presencia de animales de determinadas razas, pero actualmente este tipo de concursos son más abiertos, ahora cualquier perro puede participar independientemente de la raza que tenga (si es que la tiene). Todos estos detalles suelen aclararse en el modelo de reglamento que se facilita antes de realizar cualquier inscripción.
Si no estáis familiarizados con esta práctica, el agility sería un equivalente aproximado a lo que en humanos sería la pista americana militar: en este caso son perros quienes lo practican y la agilidad es una característica fundamental para superar las pruebas, de ahí su nombre.
Factores a tener en cuenta
Pero no nos equivoquemos, la agilidad del perro es primordial, pero no es el único punto fuerte de esta competición. Hay otros factores igual de importantes que influirán en el resultado final:
- La confianza entre el perro y su guía.
- La compenetración entre ambos.
- El grado de concentración de la mascota en ese momento, el carácter del perro (que sea fácil de motivar, que no sea agresivo…).
- La actitud del perro en la pista (con experiencia se puede ver, hay diferencias entre un perro que es forzado por su dueño para la actividad de otro que realmente disfruta y es feliz haciendo el recorrido)
- La habilidad del can
- Su capacidad de obediencia
Del mismo modo que en eventos deportivos humanos se ha comprobado que se puede rendir muy diferente en función de cómo se afronten los momentos previos a la competición. También influirá tener un entorno relajado los momentos anteriores a la competición, lo que puede implicar intentar estar alejado de otros perros, haber tenido un buen descanso, minimizar la exposición al ruido…
Después lo suyo sería realizar un periodo de activación y calentamiento para que nuestro perro se encuentre en las mejores condiciones para ejecutar el ejercicio. Hay que tener en cuenta que se trata de una prueba muy explosiva y de corta duración, no es una prueba de resistencia. En unos pocos segundos se pueden decidir los ganadores de la competición.
En qué consiste
Una serie de jueces serán los que decidan el diseño del recorrido y los obstáculos a superar en un determinado orden y en unas condiciones que vendrán reflejadas en el reglamento de la competición. Dicho recorrido debe ser lo suficientemente complicado como para que no pueda ser ejecutado correctamente sin una adecuada actuación por parte del guía.
Así, será el guía quien deba elegir la estrategia para optimizar el rendimiento de su mascota, que al final quedará reflejado únicamente en una puntuación final según el tiempo que se haya necesitado para completar el circuito de acuerdo con las normas prefijadas. Se trata de reglas totalmente objetivas: aquí la subjetividad de los jueces no existe. Algunos obstáculos requieren una presencia más cercana del guía que otros, también a veces es necesaria una pequeña pausa para relajarse o tomar aliento para así poder ejecutar pruebas más explosivas físicamente, otras que requieren agilidad, o fuerza…
Los diferentes obstáculos son muy variados: muros, viaductos, salto de vallas, slalom, neumáticos, túnel plano, túnel flexible, mesa, pasarela, empalizadas, balancines, ría y saltos de longitud.
Inscripción
Como bien he dicho anteriormente, en la actualidad ya casi todas las pruebas permiten perros de cualquier raza y sin distinción de sexos. La realidad es que no hay diferencias significativas entre machos y hembras. Generalmente está prohibido el concurso de hembras en celo, preñadas o recién paridas para evitar posibles incidencias en la gestación o en el comportamiento de los perros machos o en la nueva camada. Como ya habíamos dicho anteriormente cualquier factor de estrés pueda alterar su comportamiento.
De esta manera, cualquier raza puede ser apta para realizar esta modalidad, aunque hay ciertas razas que por su carácter se adaptan perfectamente a estos entrenamientos. Un claro ejemplo son los perros pastores, que suelen ser muy activos, dinámicos, ágiles, proporcionados, obedientes, inteligentes, nobles, dóciles y con gran capacidad de aprendizaje.
Entre las razas más cercanas a estas características y que mejor rendimiento podrán tener en dicha competición se encuentran:
- Border Collie
- Caniche
- Jack Russell
- Pastor Belga
- Pastor Australiano
- Cocker Spaniel
- Labrador
- Pastor Alemán
- Ciertos cruces: evidentemente hay animales de todos los tipos, pero suelen destacar por su inteligencia y nivel de lealtad al dueño.
Algunas razas tienen más complicado este entrenamiento al no tener la agilidad como su mejor característica. Igualmente se puede entrenar con ellos con un nivel de entrenamientos inferior para no producirles ninguna lesión. Por ejemplo, los perros San Bernardo, Mastín o Gran Danés se les puede iniciar en el entrenamiento, pero con cuidado para que en un sobreesfuerzo no les produzca problemas en la columna o en los aplomos. Un buen asesoramiento veterinario te ayudará a optimizar los esfuerzos.
El Agility es una competición que precisa de entrenamiento y compenetración, es una buena manera de reforzar el vínculo con tu mascota y que además desempeñe una actividad que le reporte salud y felicidad. No todo es ganar, se trata de un excelente método de crecimiento bidireccional paraperroy dueño.
Si os resulta imposible participar os animo a intentar presenciar en vivo alguna competición de Agility. Al ver cómo durante el recorrido, el perro y el guía están bien coordinados y hacen un circuito sin excesivos fallos y disfrutando el uno con el otro, se puede percibir perfectamente la satisfacción y la felicidad en sus ojos, es muy emocionante y emotivo.
Suele acabar con el perro encantado de haber dado lo mejor de sí mismo y el guía emocionado de haber conseguido esa complicidad con su fiel amigo. ¡Es una hazaña preciosa!