Como nos sucede a las personas, la alergia es una reacción inmunitaria exagerada ante una sustancia llamada alergeno que, en general, no tiene por qué que ser dañina y suele tolerarse sin problema. Pero en determinados individuos que se encuentran en diferentes situaciones o entornos, acaba provocando una reacción de hipersensibilidad con elevada liberación de histamina y con el riesgo de terminar produciendo un choque anafiláctico, siendo una patología que puede poner en riesgo la vida del afectado.
Los síntomas más frecuentes en personas suelen ser lacrimeo y exceso de secreción nasal, mientras que en los animales la presentación más frecuente suele ser dérmica, con prurito (picor intenso), eritema (enrojecimiento de la piel) y edema (acumulación de líquido en determinadas zonas por encima de los niveles fisiológicos), alopecias, heridas y costras, o digestiva con vómitos y/o diarreas.
De esta manera nos podemos encontrar con diferentes tipos de alergias, siendo las más frecuentes:
- Alergias alimentarias: en este caso el alergeno es un componente de su alimento, que al entrar en contacto con el tracto digestivo puede provocar esta reacción. Los alergenos más frecuentes son con el origen de la carne como pollo o vacuno, pero también con los vegetales como la soja, maíz, trigo o arroz.
- Alergias ambientales: aquí el alergeno suele ser algún microorganismo o alguna sustancia que se encuentre de forma habitual en determinados ambientes, como pueden ser ácaros, insectos, hongos, picadura de pulgas, polen e incluso materiales de la cama, ropa o utensilios, o epitelios de otras especies animales. En estos casos podemos encontrarnos con animales atópicos que pueden complicar todavía más tanto el diagnóstico como su tratamiento y pronóstico.
- Alergias a medicamentos: no son frecuentes, pero pueden producirse con antibióticos o vacunas de forma más repetida.
La forma de diagnosticarlo es larga y compleja. Necesita una anamnesis pormenorizada poniendo especial detalle en todo el entorno de la mascota, así como en todos los componentes de la dieta. Se pueden realizar dietas de eliminación de determinados componentes y después de provocación para confirmarla, pero estas pruebas son largas (a veces se tardan meses hasta poder tener resultados) y es fácil que se contamine cuando la mascota come algo que no esté controlado. También hay pruebas sanguíneas/serológicas e intradérmicas. Además, a veces es frecuente que el diagnóstico se complique con parasitosis o con otras patologías de la piel o digestivas.
En cuanto al tratamiento, depende del alergeno. Generalmente consistirá en eliminar el mismo de la vida de nuestra mascota, tratar los síntomas con antihistamínicos y corticosteroides, dietas especiales, prevenir recaídas con vacunas (inmunoterapia) y suplementos alimenticios de ácidos grasos para fortalecer a la piel. También pueden ser recomendables baños periódicos con champús especiales.
Todo ello hace de las alergias un reto para los veterinarios que suelen ser difíciles de controlar. Una relación de confianza con vuestro veterinario ayudará a que este conozca mejor todas las circunstancias del animal y así tener un acercamiento a la causa más probable.