Estar acompañado de un animal ha sido pues, para muchos mayores, un auténtico salvavidas en unos meses en los que se han sentido más solos e inseguros que nunca.
Beneficios de compartir nuestra vida con mascotas
Gatos, perros y mascotas en general son grandes compañeros, todos conocemos cientos de ejemplos que lo confirman; pero es que, además, hace tiempo que la ciencia avala que convivir con un animal ofrece cantidad de beneficios físicos y emocionales.
¿Empezamos por el sentido del tacto? El simple hecho de acariciar a tu peludo reduce el cortisol (hormona del estrés) en tu organismo y, en el caso de los más mayores de la casa, poder relacionarse de este modo (tocando) con otro ser vivo, es doblemente importante pues es habitual que vista, oído o incluso su capacidad de expresarse no sean lo que eran.
Esta reducción de la ansiedad y el estrés cobra especial importancia en época COVID, en la que sin duda todos nos hemos visto superados en algún momento y mantener la calma ha sido fundamental en muchos casos para soportar confinamientos.
Convivir con perros y gatos también reduce, según varios estudios, la incidencia de asma, infecciones respiratorias, de oído…
Pero, sin lugar a dudas, los principales pros de compartir vida con una mascota tienen que ver con la salud mental, importante siempre pero aún más en determinadas situaciones.
Cuidadores de 4 patas
Mayores y animales se cuidan mutuamente a todos los niveles.
Así, mientras unos ofrecen comida, agua y paseos; los otros llevan a cabo labores tan importantes como reaccionar ante bajadas de azúcar, avisar de sonidos a personas con la audición dañada u ofrecer seguridad en un día a día demasiado solitario en ocasiones.
Tener una mascota a su cuidado aumenta la autoestima de la persona anciana, que se siente útil y necesaria; le ayuda a ser más responsable con los cuidados propios (cuidarse para cuidar) y hasta existen estudios científicos que demuestran que los mayores que tienen perro enferman menos y sufren menos dolores.
Es por eso que la tercera edad es buen momento para estrenarse como cuidador de un gato, un perro, un roedor, un ave… Teniendo siempre en cuenta las características, capacidades y hábitos del mayor podremos encontrar la compañía ideal.
Es tal la evidencia en la mejora del bienestar de los más mayores que comienzan a surgir proyectos en los que se permite la convivencia de ancianos y mascotas en residencias; bien para no separarse de los que ya eran sus compañeros de vida, bien para conocer nuevos amigos peludos que hagan su ingreso más agradable.
La vejez es época de pérdidas: fallecimientos, limitaciones físicas, deterioro de la salud y vida social disminuida. Si a eso le sumamos las especiales circunstancias de los últimos tiempos y las limitaciones sociales asociadas, nos encontramos con toda una generación de mayores que ha visto limitados abrazos, caricias y hasta conversaciones mientras su miedo crecía día a día.
La incondicionalidad y calidez de la compañía de una mascota adecuada (por edad, tamaño y necesidades) puede suponer el mejor de los regalos en la última etapa de sus vidas.